Pinturas Rupestres de Los Tajos de Bacinete

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El propiciatorio o mágico de las pinturas rupestres, como señala Laza (1972:9) había estado bastante generalizado entre los investigadores del arte rupestre, sin embargo, algunos de ellos como Leroi- Gourham, después de haber estudiado más de cien cavernas prehistóricas, había llegado a la conclusión de que el arte figurativo de las mismas estaba más próximo a la escritura que a la obra de arte, diciendo que más que pictogramas eran auténticos mitogramas, cuyo contexto oral estaba irremediablemente perdido. El propio Laza había defendido que muchas pinturas rupestres tenían un carácter puramente narrativo siendo realmente narraciones, leyendas, historias… Por eso, partiendo de uno de los mitos más antiguos ubicados en las proximidades del Estrecho de Gibraltar, el de Gárgoris y Habidis, pretendió mostrar que era el tema de las pinturas rupestres del Tajo de las Figuras.

Según el historiador Justino, los cunetes – también llamados curetes- habitaban en los bosques tartésicos, donde se cuentan que los titanes habían hecho la guerra a los dioses. Tenían un rey llamado Gárgoris, que enseñó a su pueblo a recolectar la miel y tuvo un hijo de su propia hija, a la que violó. Avergonzado de su acción quiso hacer desaparecer el fruto de su delito, por eso ordenó abandonar al niño en el bosque para que lo devoraran las fieras. El niño consiguió sobrevivir inexplicablemente, siendo conducido de nuevo ante su padre y abuelo, quien ordenó colocarlo en un desfiladero por donde habían de cruzar los rebaños de bueyes y vacas para que éstos lo pisotearan y aplastaran, lo que tampoco ocurrió. Luego fue arrojado a perros y cerdos hambrientos sin que los unos ni los otros le hiciesen daño. Entonces decidió tirarlo al mar, pero las olas lo depositaron sin ningún daño en la playa, donde fue alimentado por una cierva, que le crió y a la que debe la velocidad con la que era capaz de correr los montes y selvas de los alrededores. Pero un día cayó en una trampa y fue entregado al rey Gárgoris, que pronto le reconoció por el parecido y señales marcadas en su cuerpo. Se reconcilió con él y le nombró su sucesor, además de darle el nombre de Habidis, quien efectivamente luego llegó a reinar entre los curetes, a los que dio leyes sabias y les enseñó a uncir los bueyes al arado, mejorando la alimentación de los mismos. Prohibió entre los suyos la servidumbre y dividió a su pueblo en siete ciudades. Después de su muerte el reino fue ocupado por sus sucesores durante muchos siglos.

cuevas-bacinetePor más que lo pretendiese Manuel Laza, era difícil relacionar los elementos que componen la leyenda o mito de Gárgoris y Habidis con las pinturas rupestres del Tajo de las Figuras. En cambio, lo habría tenido mas fácil si hubiese fijado su atención en el abrigo principal de los Tajos de Bacinete. Sólo en él hay un “gigante” (figura 2) que se podría identificar con Habidis y debajo estaría su madre (figura 1), que después de ser violada por su padre, pudo convertirse en sacerdotisa para purificar la afrenta paterna. Estarían los perros y fieras salvajes a los que fue expuesto. Tampoco falta la senda en la que debían pisotearle los bueyes y vacas. Incluso el mar donde fue arrojado podría estar simbolizado por las olas hacia las que caminan las mujeres que portaban abanicos, hachas rituales o vasijas (figura cuatro). Por supuesto que los ciervos y ciervas que tan destacado papel juegan en la leyenda, asimismo están presentes. Por último, la civilización aportada a su pueblo por Habidis, que sin duda debió ser de procedencia foránea, llegada a través del mar gracias a los navegantes y comerciantes orientales que llegaron a la zona del Estrecho, para traficar con los indígenas y practicar el trueque de productos, vendría representada por el hombrecillo que agita las dos piezas de tejido (figura tres), a cuyo alrededor se advierten varias series rectilíneas de puntos que podrían identificarse con los granos sembrados en los surcos por Habidis, así como otros signos y símbolos de difícil interpretación, entre los que destacan unos puntos formando un pequeño círculo, en cuya parte superior, se alinean trazos dobles que se aproximan por uno de sus extremos y que se podrían identificar con el arte de las colmenas atribuido a Gárgoris.

bacineteSólo con observar detenidamente el espacio geográfico en el que se sitúa los Tajos de Bacinete se podrían encontrar diversos elementos comunes con el mito de Habidis. El Parque de Los Alcornocales sería el bosque tartésico, los topónimos “cucarretes”que se encuentran cercanos, tanto en el término de Los Barrios como en el de Medina Sidonia podrían tratarse de deformaciones del término “curete”. Los ciervos también abundaron y siguen existiendo en sus campos. Mientras que la senda o garganta donde fue expuesto el niño, podría identificarse con la Ruta de Toro, cañada ganadera que desde la Prehistoria ha permitido comunicar por el interior la Bahía de Gibraltar con las vegas y pastizales de Medina Sidonia y Jerez, a través del río Palmones, en una de cuyas bifurcaciones, Raudal – Las Cañas, se situaría el santuario prehistórico de Bacinete. Esa misma Ruta de Toro, volvería a tener vigencia en un mito posterior, cuando, a través de ella, Hércules condujo los toros que robó a Gerión.

Si se hubiese detenido a observar el abrigo principal de Bacinete, como se acaba de exponer, sin duda, habría encontrado más fundamentos para su hipótesis lo que nos habría llenado de gran satisfacción como amantes de la historia de Los Barrios.

De cualquier forma, aunque lo que se acaba de exponer sólo tenga valor literario, pensamos sinceramente, que si alguna vez de nuevo se intenta ubicar el mitograma de Habidis no debería olvidarse que uno de los lugares más idóneos sería el santuario prehistórico constituido por el abrigo principal de los Tajos de Bacinete, verdadera joya dentro de nuestro patrimonio cultural.

Fuente:Revista Benharás

2017-08-29T14:40:02+00:00